Eclipsando la Dualidad
Reporte Cósmico del Tiempo por Mark BoraxJunio de 2011

Como si las cosas en el planeta Tierra se hubieran puesto aburridas, tranquilas, y apagadas (!), las potestades decidieron arrojarnos tres eclipses entre el 1º de junio y el 1º de julio.
Dado que la vida ha sido cualquier cosa menos aburrida para la mayoría de la gente con la que hablo por todo el mundo, nadie puede saber lo que traerá junio.
A diferencia del resto de la astrología, los eclipses son los comodines de la baraja – nunca saben lo que va a venir. La mayoría de los movimientos planetarios se producen en ciclos regulares, pero los eclipses toman atajos en ese movimiento regular, lanzando una curva en el mecanismo de la predicción. Tres curvas lanzadas alrededor del momento del Solsticio de Verano indican que el verano del 2011 es muy inusual, desafiando toda predicción. Mi corazonada es que este verano va a resultar inolvidable para muchos de nosotros, y junio es la puerta de entrada. Agosto, sobre todo, como he dicho en columnas anteriores, me parece particularmente potente, y el túnel de eclipses de junio, establece la pauta para eso.

Dado que el tema de los eclipses plantea la cuestión de lo predecible, éste es un buen momento para discutir el tema del destino versus el libre albedrío. Si la vida se puede predecir según las estrellas, ¿cómo deja eso alguna libertad en manos de los seres humanos? Por otro lado, si tenemos la libertad para determinar nuestro propio destino, ¿cómo puede haber relevancia en el arte de la predicción?
Como en la mayoría de las dualidades modernas, la pregunta misma tiene que ser despolarizada para llegar a la verdad. Cuando la única opción es una polarización altamente cargada, como Demócratas o Republicanos, toda la visión del mundo ha sido en sí misma severamente restringida, que cada elección posterior sólo puede producir mayor restricción. Un sistema binario como la política bipartidista de los EE.UU. es altamente eficaz para reciclar eternamente las mismas ideas cansadas y rancias, haciendo rebotar nuestro sentido de elección como una pelota de ping-pong…